Mitos y realidades concernientes a las publicaciones científicas

Dr. Carlos Armando Sarría Pérez

Resumen

Existen en la actualidad una serie de mitos referentes a las publicaciones científicas que son notoriamente opuestos a la realidad objetiva. El primero se basa en la creencia que el hecho de que la comunicación científica, en la forma de artículo original, comunicación breve, presentación de casos, artículo de revisión u otra modalidad publicada en una revista de prestigio, es garantía de su validez. Si bien es cierto que algunas revistas de salud, tienen comités editoriales que utilizan el "sistema de revisión por pares" para la selección de artículos, no es menos cierto, como aseveran algunos prestigiosos editores de revistas de alto impacto, que otras tratan el asunto de la revisión de manuscritos con una ligereza y negligencia que llegan a veces a la irresponsabilidad. En ocasiones realizamos una lectura crítica de algún artículo y nos sorprende que su contenido no logre convencer de su validez científica, entre otros aspectos conceptuales y metodológicos. En tales casos, aseguramos con total razón, que no deberían haber sido publicados en la forma que se presentaron.

El segundo mito es la creencia de que es garantía de validez y calidad de una publicación, el hecho de que el o los autores tengan prestigio por su práctica profesional. La realidad nos enseña que el tener una sólida experiencia en la práctica profesional no constituye garantía de rigor metodológico del estudio. Investigar, requiere de una sólida preparación tanto en la compresión de sus fundamentos como en su metodología.

El tercer mito está relacionado con la supuesta garantía que ofrece, que el autor  haya publicado con anterioridad otro trabajo de investigación con un excelente nivel conceptual y metodológico. La realidad indica que las publicaciones científicas están sujetas a normas. Cada investigación publicada debe cumplir con los estándares de rigor metodológico, de estructura y de estilo consensuados por la comunidad científica nacional e internacional, con total independencia de trabajos anteriores.  En consecuencia, no  existe tal garantía; en el mejor de los casos podrá haber una mayor expectativa de calidad.

Un grupo importante de investigadores considera la existencia de un cuarto mito, s el convencimiento de que el científico, por la misma naturaleza objetiva de su labor, está libre de prejuicios y de sesgos. Un prejuicio del investigador -si lo hubiera- no afecta el proceso de la investigación ni su comunicación, en el supuesto de que la metodología haya sido adecuada y correcta. La realidad demuestra que el compromiso intelectual y emocional hacia un conjunto particular de resultados anticipados puede conducir a errores graves. Por tal razón, el científico debe ser consciente y estar alerta, porque como cualquier ser humano está sujeto a juicios y opiniones que se forman de antemano, antes de disponer de los datos adecuados y suficientes.

Autores, árbitros y editores, no hagamos de un mito una realidad.


 





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